¿A dónde vamos con estas acampadas?

Es cojonudo. Hemos visto como en varios puntos del mundo la voz de las personas no era ahogada gracias a las herramientas 2.0. Nuevos canales de comunicación y visibilizadores de opiniones han sido capaces de poner de relieve revueltas procedentes de opiniones silenciadas. No importa que se cierre un país y sus telecomunicaciones, la información viaja igualmente aunque sea con frasecitas y hashtags. Gracias a que había abusos sobre derechos humanos en el escenario todos los podíamos ser jueces, y esto es presión capaz de sacar jugo a las piedras, capaz de cambiar la experiencia de la vida de millones de personas.

Las comparaciones son odiosas. Asemejar la revolución en Egipto con lo que estamos viendo en España me parece chapucero y oportunista. Y no ha faltado tiempo para que los periodistas premium nos ilustraran con una falacia. Hasta Felipe Gonzalez se ha apuntado a esto. Es un problema de baremos. Y de medallas.

Más bien habría que reflexionar sobre algunas ideas comparando España y Egipto:

  • ¿Que impide hacer la revolución y conseguir el cambio?
  • ¿Cuántos civiles han dado su vida por ese cambio? 846
  • ¿Hasta qué punto en España somos dependientes de las redes ? ¿Realmente son las redes el factor fundamental para alcanzar el cambio en España? ¿se ha impedido el acceso a la prensa internacional?
  • Dónde estaba Egipto y donde está ahora, en comparación con dónde está y a donde se dirige España?. Nos falta una incógnita.

No es lo mismo que twitter sea una herramienta para poder organizarse que una herramienta para decir al mundo que te están matando.

 

Además de esto, me pregunto dónde estará el punto de inflexión para España, es decir, en Egipto se podía identificar el punto exacto de la victoria: la caída del dictador de turno. Un momento al que se le puede poner fecha y hora, un video, una meta alcanzada, es un hito al fin y al cabo. Mubarak abandona y el pueblo lo celebra. Tras esto hay que asegurarse que no sean sus secuaces quienes se suben al poder, por aquello de mandar desde la cárcel, pero el gran hito está conseguido.

 

Lo dicho, ¿dónde está ese punto de inflexión? Aquí no hay dictadores sino articuladores del verbo parecer sin ganas de hacer algo grande con sus vidas laborales. Felicidades, apareceréis en los libros de historia, al igual que yo aparezco en mi libro de familia. Alguien tiene que aparecer después de todo.

Si, todos estamos hartos de los políticos. Hay un hastío palpable. Me resulta mas fiable admirar una hormiga que a un político. El salto generacional entre lo que tienen 30 y los que tienen 50 es tremendo. El nivel es bajo y lo intuimos por los rankings de España. Vamos tomando conciencia de que hay un problema y la sociedad como ente que ya tiene diálogo interior gracias a lo 2.0 se da cuenta y percibe que esos que se presuponen pura sangre en ocasiones son individuos ubicados en posiciones donde jamás deberían estar, como si un chaval de 19 años condujera un 18 ruedas de mercancías nucleares.

Hay muchos ciudadanos que prefieren guiarse por la honestidad y el respeto por sí mismos, antes que creerse una verdad de turno. Estos ciudadanos estarían mas preparados para tomar pequeñas responsabilidades. Quizá ocurra como con los micropagos y en el futuro todos tengamos microrresponsabilidades sociales oficiales.

En la política según parece no abundan los pura sangre o «profesionales de élite» sino que cualquiera con habilidades sociales, rodillas de acero, mente mutante y algo de labia tiene un hueco. Y así atraen a lo “mejorcito”, menudos gestores del talento. Desde luego no representan lo mejor disponible sencillamente porque los mejores no se prestan a esa disposición.

Ok yo me apunto al camping, pero quisiera saber qué es lo que tenemos que conseguir. Quitar a Zapatero no es la solución, poner a Don Mariano tampoco. Que venga otro personaje que lo haga parecidamente mal es probable. ¿Qué hacemos? ¿Cuál es la meta?

De momento participar e informarnos. Puedes leer este post que habla acerca de votar en blanco o no votar, la diferencia está aqui explicada. Mira el movimiento democraciarealya, y el movimiento #nolesvotes, infórmate aqui. Conoce los políticos que se presentan a que les votes pese a estar imputados en alguna causa,  mira videos o escucha a esta oyente hablar en la radio (a partir del minuto 47, la conocida «Cristina de Burgos»):

 


Y recuerda, no es lo mismo estar indignado que hacer algo real. Todos podemos darle al botón “me gusta” pero las diferencias se marcan de otra forma. La voluntad no es suficiente, los políticos siempre han tenido mucha. Las diferencias las haremos cada uno de nosotros mediante gestos, pequeños. Con acciones concretas, mojándonos. Un saludo y controlemos nuestro destino.

Es cojonudo. Hemos visto como en varios puntos del mundo la voz de las personas no era ahogada gracias a las herramientas 2.0. Nuevos canales de comunicación y visibilizadores de opiniones han sido capaces de poner de relieve que quería un pueblo en realidad. No importa que se cierre un país y sus telecomunicaciones, la información viaja igualmente aunque sea con frasecitas y hashtags. Gracias a que había malogración de derechos humanos en el escenario todos los podíamos ser jueces, y esto es presión capaz de sacar jugo a las piedras.

Las comparaciones son odiosas. Asemejar la revolución en Egipto con lo que estamos viendo en España me parece chapucero y oportunista. Y no ha faltado tiempo para que los periodistas premium nos ilustraran con una falacia. Es un problema de baremos, y de subjetividad. Y de medallas. Más bien habría que reflexionar sobre algunas ideas comparando España y Egipto:

· ¿Qué nos impide hacer nuestra revolución?

· ¿Cuántos civiles han dado su vida por ese cambio?

· ¿Hasta qué punto en España somos dependientes de las redes ? ¿se ha impedido el acceso a la prensa internacional? Solo 1 acampada ha sido prohibida.

· ¿Son las redes el factor fundamental para alcanzar el cambio?

· Dónde estaba Egipto y donde está ahora, en comparación con dónde está y a donde se dirige España?. Nos falta una incógnita.

Además de esto, me pregunto dónde estará el punto de inflexión para España, es decir, en Egipto se podía identificar el punto exacto de la victoria: la caída del dictador de turno. Un momento al que se le puede poner fecha y hora, un video, una meta alcanzada, es un hito al fin y al cabo. Mubarak abandona y el pueblo lo celebra. Tras esto hay que asegurarse que no sean sus secuaces quienes se suben al poder, por aquello de mandar desde la cárcel, pero el gran hito está conseguido.

Y en España, ¿dónde está el punto de inflexión? Aquí no hay dictadores sino articuladores del verbo parecer sin ganas de hacer algo grande con sus vidas laborales. Felicidades, apareceréis en los libros de historia, al igual que yo aparezco en mi libro de familia. Alguien tiene que aparecer y eso no es meritorio. Y nos tenemos que mamar su legado. El nivel es muy bajo y la sociedad como ente que ya tiene diálogo interior gracias a lo 2.0 se da cuenta y percibe que esos que se presuponen pura sangre realmente en ocasiones son individuos ubicados en posiciones donde jamás deberían estar, como si un chaval de 19 años condujera un 18 ruedas de mercancías nucleares. Hay muchos ciudadanos que prefieren guiarse por la honestidad y el respeto por sí mismos, antes que creerse una verdad de turno. En la política según parece es al contrario y así atraen a lo “mejorcito”, menudos gestores del talento.

Ok yo me apunto al camping, pero quisiera saber qué es lo que tenemos que conseguir. Quitar a Zapatero no es la solución, poner a Don Mariano tampoco. Que venga otro personaje que lo haga parecidamente mal es probable. ¿Qué hacemos? ¿Cuál es la meta?

De momento participar y quedarnos con varios conceptos. Y el primero que debes conocer es el de #nolesvotes, infórmate aquí por favor. Se trata de no hacer lo siguiente: votar en blanco o no votar.

Y recuerda, no es lo mismo estar indignado que hacer algo real. Todos podemos darle al botón “me gusta” pero las diferencias se marcan de otra forma. Las diferencias las haremos cada uno de nosotros mediante gestos, pequeños. Un saludo y controlemos nuestro destino.

Es cojonudo. Hemos visto como en varios puntos del mundo la voz de las personas no era ahogada gracias a las herramientas 2.0. Nuevos canales de comunicación y visibilizadores de opiniones han sido capaces de poner de relieve que quería un pueblo en realidad. No importa que se cierre un país y sus telecomunicaciones, la información viaja igualmente aunque sea con frasecitas y hashtags. Gracias a que había malogración de derechos humanos en el escenario todos los podíamos ser jueces, y esto es presión capaz de sacar jugo a las piedras.

 

Las comparaciones son odiosas. Asemejar la revolución en Egipto con lo que estamos viendo en España me parece chapucero y oportunista. Y no ha faltado tiempo para que los periodistas premium nos ilustraran con una falacia. Es un problema de baremos, y de subjetividad. Y de medallas. Más bien habría que reflexionar sobre algunas ideas comparando España y Egipto:

 

· ¿Qué nos impide hacer nuestra revolución?

 

· ¿Cuántos civiles han dado su vida por ese cambio?

 

· ¿Hasta qué punto en España somos dependientes de las redes ? ¿se ha impedido el acceso a la prensa internacional? Solo 1 acampada ha sido prohibida.

 

· ¿Son las redes el factor fundamental para alcanzar el cambio?

 

· Dónde estaba Egipto y donde está ahora, en comparación con dónde está y a donde se dirige España?. Nos falta una incógnita.

 

 

 

Además de esto, me pregunto dónde estará el punto de inflexión para España, es decir, en Egipto se podía identificar el punto exacto de la victoria: la caída del dictador de turno. Un momento al que se le puede poner fecha y hora, un video, una meta alcanzada, es un hito al fin y al cabo. Mubarak abandona y el pueblo lo celebra. Tras esto hay que asegurarse que no sean sus secuaces quienes se suben al poder, por aquello de mandar desde la cárcel, pero el gran hito está conseguido.

 

Y en España, ¿dónde está el punto de inflexión? Aquí no hay dictadores sino articuladores del verbo parecer sin ganas de hacer algo grande con sus vidas laborales. Felicidades, apareceréis en los libros de historia, al igual que yo aparezco en mi libro de familia. Alguien tiene que aparecer y eso no es meritorio. Y nos tenemos que mamar su legado. El nivel es muy bajo y la sociedad como ente que ya tiene diálogo interior gracias a lo 2.0 se da cuenta y percibe que esos que se presuponen pura sangre realmente en ocasiones son individuos ubicados en posiciones donde jamás deberían estar, como si un chaval de 19 años condujera un 18 ruedas de mercancías nucleares. Hay muchos ciudadanos que prefieren guiarse por la honestidad y el respeto por sí mismos, antes que creerse una verdad de turno. En la política según parece es al contrario y así atraen a lo “mejorcito”, menudos gestores del talento.

 

Ok yo me apunto al camping, pero quisiera saber qué es lo que tenemos que conseguir. Quitar a Zapatero no es la solución, poner a Don Mariano tampoco. Que venga otro personaje que lo haga parecidamente mal es probable. ¿Qué hacemos? ¿Cuál es la meta?

 

De momento participar y quedarnos con varios conceptos. Y el primero que debes conocer es el de #nolesvotes, infórmate aquí por favor. Se trata de no hacer lo siguiente: votar en blanco o no votar.

 

Y recuerda, no es lo mismo estar indignado que hacer algo real. Todos podemos darle al botón “me gusta” pero las diferencias se marcan de otra forma. Las diferencias las haremos cada uno de nosotros mediante gestos, pequeños. Un saludo y controlemos nuestro destino.

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1 Comentario

  1. Gracias por el pingback.

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